dimecres, 5 d’octubre del 2022

Querido Pepet

Querido Pepet

Te escribo estas líneas para darte las gracias. 

Ya sabes que me ha costado un poco dar el paso para perseguir la que es mi verdadera 

vocación, a pesar de tu insistencia y la de la gente que verdaderamente me conoce. 

Como buen tauro que soy, llevamos la cabezonería a otro nivel y hasta que no he estado 

seguro en un 100% no lo he hecho. 

Siempre me has dicho que sería un buen profesor, que “lo mío” es esto, que he estado 

toda la vida dedicándome a los chavales como hobbie, y un largo etc. que tú ya sabes. 

Siempre has sido un ejemplo para muchas personas, y mucho para mí. Tu objetivo en la 

vida es darte a los demás, siempre has estado para todo el mundo cuando te hemos 

necesitado. Siempre ofreciéndote sin pedir nada a cambio. Y que decir de tu labor como 

maestro, con una sonrisa eterna hacia los chavales. Solo hay que ver la forma en la que 

te saludan cuando vuelven a verte tras algunos años desde que les diste clase. 

Ahora entiendo el porqué de que todo el mundo me confunda contigo y me llame Pepe. 

Tú me dices en tono de broma que tu sombra es muy alargada, pero realmente lo es y 

es una pasada. 

Te fuiste de maestro a Guatemala durante un verano, otro ejemplo más que dice mucho 

sobre tu forma de ser. Pero sin duda nuestra breve estancia en Nepal en 2018 fue 

realmente un punto de inflexión para muchos de los que hicimos aquel viaje. Allí tu 

hermano y yo vimos al Gran Pepe, que ya sabíamos que existía, pero que se multiplicó 

por mucho cuando te vimos “en acción” en aquel país. 

Fue allí, cuando interactúas con otra gente del viaje, con los guías, los porteadores, los 

niños… donde comencé a plantearme si realmente era feliz con mi vida, si quería estar 

toda la vida dedicada al mundo industrial, un mundo más frío, o si debía seguir por otro 

camino. He tardado algo en dar el paso, pero…nunca es tarde, no? 

En Nepal, durante las largas caminatas, tienes mucho tiempo para pensar y de hacer 

muchas tormentas de ideas sobre tu vida. Recuerdo que un día antes de llegar al campo 

base y tras el “sustillo” con el puente, los cables de mi cerebro se unieron por fin y la 

bombilla que se encendió fue la docencia. Ya lo tenía claro 100%, sabía lo que tenía que 

hacer, estoy convencido de que puedo llegar a ser un buen profesor, de volver a tener 

contacto con los chavales, de dar lo mejor de mi y de intentar que salgan de clase siendo 

un poquito mejores. 

En definitiva, lo que haces tú, tener una motivación por la que valga la pena pelear cada 

día y dar lo máximo de nosotros. 

Gracias Pepe, gracias por el apoyo, por tu dureza en algunas ocasiones y por abrirme los 

ojos. 

Ahora más que nunca, yo de mayor quiero ser como Tú. 

Ximo


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