Estimado Don José, No hace mucho nos encontramos por la calle, y cuando le saludé me dijo, que ya hace muchos años, que no soy tu tutor, no hace falta que pongas el Don. Cómo bien sabe, me resulta inevitable, por mucho que yo haya crecido y convertido en persona adulta. Una de las cosas que me transmitió, fue a tener respeto por aquellos que lo merecían, y no porque usted fuera mi profesor, si no por que siempre se lo ganó, ese fue el primero de los valores que me enseñó: el respeto se gana, por ambas partes. Cuándo empezó a darme clase rondaba el año 1988, compartimos 6,7,y 8 de E.G.B y tenía la capacidad de hacernos sentir a todos y cada uno de los 31 alumnos que habitábamos su clase, especiales y capaces. No sólo, nos enseñó matemáticas y geografía, también nos enseño a reclamar y luchar por lo que creíamos que nos correspondía de la manera adecuada, y es que nunca olvidaré el día en que en nuestra hora de gimnasia, como en todas nuestras horas de gimnasia de ese año, llegaba el camión de leche ( no se por que motivo el colegio o el AMPA nos daba brikcs de leche) y nos tocaba a todos los de 8º descargar el camión para luego repartirlo. La cara de D. Ángel, el director, cuando vio que en fila de a uno, girábamos y subíamos a clase en vez de hacer la descarga no tuvo precio, ( tampoco se enteró nunca de que alguien nos aconsejó reclamar nuestro derecho a gimnasia, jaja), nos cayó un buen castigo, pero nunca más nos pidieron que hiciéramos esa labor. Tampoco olvidaré su complicidad cuando le asaltábamos con preguntas sobre sexo, jajaja, para usted era natural y había que informarse, antes de hacer tonterías. Por último, aún conservo el negativo de aquella foto del viaje de estudios a Torremolinos, cuando lejos de mandarnos a dormir, cada uno a su habitación, decidió unirse al enemigo y jugar con nosotros a beso, atrevimiento o verdad…..y o cielos! le tocó atrevimiento, tuvo que salir a pasear por el pasillo con unos calzoncillos en la cabeza, la cara del recepcionista cuando subió a poner orden y se lo encontró fue un poema. En fin, que se puede enseñar, participar, ser cómplice en ocasiones de los alumnos y mantener su respeto, a lo largo de los años, me enseñó, que aún en el 88 había profesores especiales, que formaban personas especiales. Y si bien a mis 46 años, puedo afirmar, que no es el motivo por el que he decidido formarme para enseñar, si que puedo decir que si me preguntan por un referente, el primero que viene a mi memoria es usted. Espero poder dejar una huella, al menos parecida, en mis alumnos a la que usted dejó en nosotros al dedicarnos una parte de su vida. Un Gran Abrazo

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