Querido profesor,
Todavía recuerdo esos días en
los que, cargados con una mochila a la espalda, como podíamos, subíamos a clase
y nos sentábamos esperando para aprender nuevos conocimientos de seis materias
diferentes.
Debía ser todo un reto, en
aquel momento no se es consciente, evidentemente, de todo esto, el poder hacer
que toda una clase llena de niños y niñas de 8 años se comportasen y
mantuviesen atentos a todo lo que decías.
A mí personalmente, no se al
resto de mis compañeros, me serviste de inspiración y fuiste como un segundo
padre, al que admiré por su forma de ser y sus conocimientos y formas de hacer
entretenidas las clases.
Recuerdo con especial cariño
los talleres de tecnología, que siempre lo he pensado, me parecía extraño que
con tan poca edad pudiésemos tener una clase así, utilizando herramientas
básicas para hacer proyectos como por ejemplo puentes de papel, elevadores,
semáforos…quizá, sin saberlo, esa fue mi primera guía para hoy en día dedicarme
al mundo de la construcción.
Ahora, que me he decidido a
ser parte del mundo de la enseñanza, me doy cuenta de que seguramente también
seas tú una de las razones por las que lo haga. Siempre me sentía
increíblemente bien en tus clases, y eso mismo me gustaría poder hacer sentir
en un futuro a mis posibles alumnos.
No debe ser fácil educar,
tanto en conocimiento como en valores, a niños o adolescentes, por eso me
parece de gran valor lo que conseguiste y, como le digo a mis padres, aunque me
da mucho respeto tener un hijo porque no se si sería capaz de educarlo como lo
han hecho ellos conmigo, quiero poder poner mi grano de arena.
Por todo esto, has sido
inspiración para que quiera ser profesor.
Muchas gracias.

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