divendres, 7 d’octubre del 2022

Mi motivación para ser profesora

La pregunta de por qué decidí hacer el máster de profesorado de Educación Secundaria no podría responderse de manera unívoca ni simple. Como todo camino humano, conlleva sus propios baches, desvíos, vueltas a empezar y más de un intento de acortar la trayectoria con todos los medios posibles.
Es verdad que empecé a dar clases particulares a mis amigos de juegos desde una edad muy temprana. Me encantaba ayudarles con los deberes o inventar juegos con personajes y tramas inventadas. 
Imagino que se puede achacar a alguna característica personal, a una predeterminación de carácter que hace que la idea de dar clase en todas sus modalidades me parezca naturalmente atractiva.
Me incliné en un primer momento por la literatura, me imaginaba en un entorno idílico más propio de cualquier siglo pasado que de la realidad actual, impartiendo las obras del canon literario de occidente. 
Me dedique a perseguir semejante quimera durante dos durísimos años en la universidad londinense de UCL pero en ningún momento registré ni un atisbo de la satisfacción que siento cuando un alumno adquiere la expresión seria, ensimismada y pensativa, cuando, casi como por arte de magia y muy de vez en cuando, realmente se interesa por alguno de los materiales que le proporciono en clase.
Volviendo a la realidad que me trajo aquí, y obviando muchos detalles igualmente significativos, mi último curso en el colegio Británico de Sofía como profesora de español como lengua extranjera hizo que me planteara seriamente la necesidad de tener una propia formación docente. Me enfrenté por primera vez en mi vida profesional a situaciones que no sabía cómo abordar siquiera y ni me podía imaginar cómo podría solucionar. Alumnos plurilingües, provenientes de diferentes culturas, de diferentes clases sociales y por supuesto con diferentes perfiles individuales aparecían dos veces por semana y curso en el aula de Spanish como lo llamaban sin saber por qué ni tener la más mínima intención de averiguarlo. 
Intenté motivarles con proyectos, con películas, con música, con ejercicios de repetición, con andamiaje y con aprendizaje conceptual. Atendí un curso de Sugestopedia durante tres calurosas semanas en el verano del 2021 y aún así sentía que me faltaba cimiento, base, conocimiento y técnica. El ensayo y error me había dejado completamente indefensa y exhausta.
Porque la verdad es que me gusta estar en un aula- ese espacio único a medio camino entre la vida real y la potencial, la vida a medio hacer. Mi propia experiencia me ha enseñado a respetar profundamente la labor del profesor, especialmente en la etapa de secundaria por la especial fragilidad de la vida durante esa etapa de la adolescencia.
Recuerdo a mi tutora Isabel, a mi profesora de lengua y literatura especialmente por haberme apoyado y reforzado para empezar y terminar mi primer libro en lengua española a la edad de 16 años - ¡Adiós, Cordera! de Alas Clarín.  Mi profe de inglés que confío en mí para dar clase a su hija rebelde por si "a mí me hacía más caso". 
Los pequeños accidentes que superé y sigo superando a través de modelos de comportamiento y profesionalidad que siempre tuve en mis profesores.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada