En mi experiencia en la educación secundaria, por
suerte o por desagracia, he tenido muchos ejemplos diferentes de formas de
enfrentarse a la docencia. En los mejores casos descubrí el poder de establecer
una conexión con los alumnos y entender cuáles son las dificultades y los
puntos fuertes de cada uno. Lo que definitivamente contribuyó a que mi
asignatura favorita acabase siendo matemáticas, fue que sentí un gran apoyo de
todas las docentes con las que me encontré en el camino. Siempre he sido una
buena estudiante, no interrumpía, entregaba todo a tiempo, sacaba buenas notas
y me comportaba en clase. Pero siempre he dudado de mi capacidad de lograr todo
eso. Ese departamento de matemáticas se volcaba conmigo en los momentos de más
estrés como exámenes y exposiciones. Creían en mí y me lo comunicaban cuando
veían que me parecía que la asignatura se me hacía un mundo. Me enseñaron a
preguntar, a no quedarme con dudas, a pedir ayuda a cualquier profesor cuando
me hacía falta y a creer en mis habilidades.
Por otra parte, también tuve experiencias pésimas
con profesores que no se merecían ejercer el poder que ejercían en sus alumnos.
Esos fueron ejemplos de total desconexión con el alumnado y su contexto, que
implantaban normas anticuadas y discriminación en el aula. Estas experiencias
me enseñaron todo lo que yo no quiero conseguir como docente, miedo, injusticia
e inconexión.
Durante esos años me veía completamente incapaz de
imaginarme, nuevamente, en su posición. Sin embargo, cuando por fin encontré
algo con lo que me sentía más segura que nunca, que es el inglés, volví a
cambiar completamente mi perspectiva de futuro. Me imaginé por primera vez
capaz de poder transmitir todo lo que me habían inculcado mis profesoras de
matemáticas favoritas, queriendo ser lo mismo para mis futuros alumnos.
Unos años más tarde me dieron la oportunidad de
trabajar por primera vez en la enseñanza de idiomas. Me brindaron la
oportunidad de observar y aprender de primera mano como funciona la enseñanza
de idiomas privada y me guiaron para aprender a trabajar y comunicarme con adolescentes.
Después de tres años trabajando con grupos reducidos de adolescentes he querido
averiguar cursando el máster de profesorado para aprender todas las
herramientas necesarias para dedicarme a esto.

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