divendres, 7 d’octubre del 2022

Carta a mi profesor

 

Agradecer con justicia a mis maestras para mí sería complicado, por un asunto de memoria… no me acuerdo de muchas cosas de primaria para atrás. Incluso me cuesta recordar a los compañeros de entonces, porque iba cambiando mucho de escuela. Si me concentro, recuerdo caras, pero los nombres quedan más confundidos. A los profesores igualmente los recuerdo poco, en esos años primeros.


Lo que haré entonces es sólo mencionar a uno, a pesar de que la lista debería ser una lista larga, si contara con las profesoras que me enseñaron a hablar, a estar en una clase con compañeros, a escribir, contar… Para que se vea que no exagero mucho, de toda la etapa de primaria sólo recuerdo ahora dos nombres: Sendra (que era apellido, ni siquiera nombre de pila – un profesor con un bigote gris), y Suni (profesora de inglés en los años finales de primaria).


Te cuento entonces sobre Joan de Déu, mi maestro de filosofía en bachillerato. Durante aquellos dos años de bachillerato, no entendí nada del platonismo y el marxismo, yo vine a ser una planta de plástico, en aquella clase. Pero recuerdo que era un profesor que caía bien a todo el mundo, y que nos trataba de forma afectuosa y fraterna – no le daba Joande al “classroom management”. Igual que Bowlby, Joande quizá pensaba en términos de “apego” o “afectos”.


Es una anécdota, pero Joande ponía siempre buena nota a las barbaridades que yo le presentaba sobre Hegel o Kant. No lo merecían (mis escritos eran absurdos, ni siquiera les llegué a leer una sola obra a ninguno de los dos, y aquí sigo sin haberlas leído). El caso es que yo quedaba orgulloso, y confiado en que era buen estudiante. Me parece ahora que lo debía de hacer ya con esa intención previa, y además creo que me sirvió muy bien que me pusiera esas buenas notas, aunque fuera “injusto”, el caso es que me animó a estudiar.


En otra ocasión, dijo a todo el grupo, en alto: “Javi es el único que quiere ser funcionario, mirad, quiero ser filólogo”. Yo pensé “ah no, yo quiero ser traductor, no podría ser maestro.” Pero aquí estamos, y ya no me da miedo – me impone, sí, enfrentarme a un grupo de personas, me afectará sobre todo los primeros días a nivel de cuerpo y tripas, pero ya no me aterroriza de la forma en que lo hacía entonces.


El remate es que Joande es valenciano (yo estudiaba entonces en Castalla). Es mi primer referente serio en la lengua del país.

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