Querido Pepe:
Espero que esta carta te encuentre bien, o cuanto menos, jubilado.
Te escribo para hacerte saber que he empezado el máster de educación secundaria. Llevaba un par de años trabajando en una consultora, con la idea del máster dándome vueltas en la cabeza, pero llegué a un punto en el trabajo en el cual el ambiente era cada vez más hostil, así que aproveché la oportunidad de que me admitieran en la UA para darle un giro a mi vida.
En gran parte es gracias a ti que haya tomado esta decisión. Recuerdo con mucho cariño aquel cuarto de la ESO, cuando solo éramos 5 alumnos en tu clase de tecnología, y qué afortunados fuimos por ello. En aquel momento yo te tenía miedo, no te conocía, y desde fuera parecías ser simplemente un hombre mayor con mucho mal genio; pero qué rápido cambié de opinión. Esperaba con ansia esas clases donde, a parte de descubrir, con cada vez más interés el mundo de la electrónica, podíamos hablar entre todos mientras trabajábamos tranquilamente, y si nos interrumpías era más para participar en la conversación, o incluso gastarnos alguna broma, que para reprimirnos. Siempre aprendíamos algo nuevo, aunque ese algo fueran batallitas tuyas de la mili o alguna historia sobre tu pueblo o tu familia. Y, al fin y al cabo, fue por tu asignatura por lo que me decidí por estudiar electrónica.
Ese es otro de los motivos por el que quería contactarte. Es por ti que empecé mi carrera, y en parte inspirado en tu recuerdo la razón por la que empiezo el máster. Aspiro a ser alguien como tú, un profesor excelente con quien los alumnos se puedan sentir en total confianza, y con suerte inspirar a más gente a su vez como tú hiciste conmigo.
Un abrazo.

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