Querido Paco, te conocí tarde pero que bueno fue conocerte. Después de pasar un año en un país inmersa extranjero, comenzar primero de bachiller no fue fácil y tu asignatura, física y química nunca fue de mis preferidas, pero no sé cómo, solo deseaba que llegaran tus clases. Y ahora viene la explicación de por qué.
Primero de todo, porque tu pasión por la enseñanza la transmitías en cada una de tus explicaciones haciendo que todo pareciese facilísimo, creando un sin fin de esquemas en la pizarra como se tratase de un cuadro para enmarcar. Además, pese a tener una programación como cualquier otro profesor te preocupabas mucho por nosotros, nos ayudabas a resolver conflictos o problemas que pudieran surgir dentro de clase y siempre estabas pendiente de nuestro estado de ánimo, que si en algún momento alguno de nosotros estaba diferente a lo habitual, lo detectabas a kilómetros de distancia y con mucho tacto y en privado mostrabas interés e intentabas ayudar.
En definitiva, por todas esas cosas y muchas más, esas ganas que tenía por tu materia fueron gracias a ti, a tu forma de llegar a la gente, tan humilde y tan llano, tan cercano pero a la vez distante.
Y solo me queda darte las gracias, gracias por enseñarnos tu materia de una manera súper amena y sencilla, pero gracias por ser nuestro guía, mi guía, uno de mis apoyos para superar ese año en el que salí victoriosa en parte gracias a ti.
Y como si de algo mágico se tratase me contagiaste esa pasión por la enseñanza durante esos años y algo en mi despertó esa vocación, y después de estudiar mi otro gran sueño, hoy, tras varios baches en el camino, por fin puedo decir que este es el año en el que conseguiré acercarme un poco más a mi otro gran objetivo, el de ser profesora, pero solo deseo una cosa, poder llegar y conectar con mis alumnos como tu lo hiciste con nosotros.
Por todo lo que nos enseñaste, gracias Paco.

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