Desde pequeña siempre me he refugiado en los
libros y la literatura. Ha sido una manera de desconectar y, a la vez,
conectarme con el mundo que me rodeaba. Al venirme a España, me apoye muchísimo
en los profesores para aprender español y eso me abrió un mundo nuevo, todo
estaba aún por descubrir. Me acuerdo de pensar que quería ser esa persona para
otras personitas en un futuro: la que tiene la capacidad de abrirles un mundo,
sea a través de la lengua o la literatura, en el que son capaces de crecer y
aprender a raíz de lo que han aprendido en mis clases.
Gracias a profesores como los que he tenido a lo
largo de mi vida, y sobre todo desde que he venido a España, he podido aprender
una lengua que no es mi lengua materna a pesar de las dificultades que me he
encontrado por el camino. Me acuerdo que en segundo de bachillerato tenía
muchas dificultades con latín, y mi profesora se ponía conmigo todos los
recreos y ratos libres que tenía para ayudarme con las transcripciones. Gracias
a esos ratos, gane un mayor conocimiento sobre la lengua latina, pero también
sobre la lengua española. Me ayudó muchísimo a comprender cosas de gramática
que hasta ese momento no había entendido, entre otras muchas cosas.
Para mí, ser una profesora es mucho más que
simplemente vomitar el contenido de tu asignatura para que los alumnos se lo
aprendan de memoria y lo olvidan el día siguiente. Es tener compasión y
paciencia, ayudar a los alumnos para encontrar el camino en lugares que, sin tu
aportación, no habrían conocido. Es convertirte en esa persona que te cambió la
vida, dándole una dirección, para otra persona que va sin rumbo.

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