Sin
duda, dos preguntas que a priori parecen sencillas, pero que cuando
empiezo a reflexionar no lo son tanto.
Podría
empezar a escribir este blog diciendo que estoy en este máster porque enseñar
es mi vocación. Pero no es así. La realidad es que estoy aquí porque he venido
a descubrir si realmente enseñar es mi vocación o si mejor me dedico a la
traducción.
Echando
la vista atrás, me vienen recuerdos de mi infancia. De pequeña, pasaba horas
con todos mis peluches, sentados formando un círculo, y ahí estaba yo,
simulando ser maestra con mi pizarra de medio metro y mis tizas de colores.
Pero
cuando sustituí los peluches por los adolescentes, la cosa cambió.
Siempre
había querido enseñar y nunca me había cuestionado lo contrario, hasta que
realmente empecé a enseñar en clases particulares y vi que no era tan fácil
como yo pensaba. Está claro que los adolescentes no se parecían ni por asomo a
los alumnos idílicos: los peluches que tan bien se portaban en el pasado.
Cuando realmente descubrí todas las profesiones implícitas que hay dentro de la
palabra profesor es cuando entendí que hecho de que ser una apasionada
de las lenguas y de las culturas no era suficiente. Como bien explica el
filósofo Fernando Savater, los maestros y maestras son los primeros adultos que
no forman parte de la familia que toman contacto con los niños y constituyen
por tanto prácticamente su primera relación social.
Después
de visualizar el vídeo de Miguel Ángel Santos Guerra durante la primera clase,
me quedé reflexionando mucho sobre la cita que menciona de Emilio Lledó:
“Enseñar no es solo una forma de ganarse la vida, sino que es una forma de
ganar la vida de los otros”. Sin duda, los buenos profesores debemos ser una
herramienta de transformación social. Y, por eso estoy aquí, dispuesta a
descubrir si la enseñanza es mi vocación.

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