divendres, 7 d’octubre del 2022

¿Qué me ha motivado a cursar este máster y a ser profesora?

 

Sin duda, dos preguntas que a priori parecen sencillas, pero que cuando empiezo a reflexionar no lo son tanto.

Podría empezar a escribir este blog diciendo que estoy en este máster porque enseñar es mi vocación. Pero no es así. La realidad es que estoy aquí porque he venido a descubrir si realmente enseñar es mi vocación o si mejor me dedico a la traducción.

Echando la vista atrás, me vienen recuerdos de mi infancia. De pequeña, pasaba horas con todos mis peluches, sentados formando un círculo, y ahí estaba yo, simulando ser maestra con mi pizarra de medio metro y mis tizas de colores.

Pero cuando sustituí los peluches por los adolescentes, la cosa cambió.

Siempre había querido enseñar y nunca me había cuestionado lo contrario, hasta que realmente empecé a enseñar en clases particulares y vi que no era tan fácil como yo pensaba. Está claro que los adolescentes no se parecían ni por asomo a los alumnos idílicos: los peluches que tan bien se portaban en el pasado. Cuando realmente descubrí todas las profesiones implícitas que hay dentro de la palabra profesor es cuando entendí que hecho de que ser una apasionada de las lenguas y de las culturas no era suficiente. Como bien explica el filósofo Fernando Savater, los maestros y maestras son los primeros adultos que no forman parte de la familia que toman contacto con los niños y constituyen por tanto prácticamente su primera relación social.

Después de visualizar el vídeo de Miguel Ángel Santos Guerra durante la primera clase, me quedé reflexionando mucho sobre la cita que menciona de Emilio Lledó: “Enseñar no es solo una forma de ganarse la vida, sino que es una forma de ganar la vida de los otros”. Sin duda, los buenos profesores debemos ser una herramienta de transformación social. Y, por eso estoy aquí, dispuesta a descubrir si la enseñanza es mi vocación.

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