En septiembre de 2020 comencé a trabajar como profesora ayudando a opositores de la Guardia Civil a preparar las pruebas de inglés. Era mi primera experiencia seria como docente y el puesto me resultaba bastante imponente, dado que presentarse a unas oposiciones puede suponer un antes y un después en la vida de una persona.
El punto de inflexión tuvo lugar cuando, a mitad de curso, llegó una alumna
nueva. Se llamaba Melani y era informática, pero había decidido probar suerte en
la Guardia Civil e intentar acceder a los grupos de especialidad dentro del
cuerpo. Cuando hablamos con ella la primera vez, nos contó que se había
presentado en otras ocasiones a estas oposiciones, pero nunca había conseguido
pasar de la primera fase. Esto es algo que a mí me sorprendió especialmente, ya
que desde el momento en que llegó, trabajaba muy bien. Con el paso de las
clases nos dimos cuenta de que lo que le faltaba era que estuviera segura de sí
misma. Aumentar la confianza de Melani fue mi objetivo principal con ella y en
cada clase me encargué de que fuera consciente de que estaba capacitada para
hacerlo y que, con un poco de seguridad en sí misma, lo conseguiría.
Cuando llegó el día del examen en la convocatoria de 2021, tenía la
tranquilidad de que Melani lo iba a hacer muy bien, y así se lo hice saber a
ella. Así, cuando a las semanas salieron los resultados, vimos que había
obtenido unas notas altísimas y había pasado de sobra a la siguiente fase. De
hecho, me comentó hace poco que estaba muy ilusionada porque había sido
escogida para formar parte de un grupo de especialidad, justo como ella quería.
La sensación tan bonita que experimenté al haber ayudado a Melani me hizo
plantearme seriamente que quizás ser profesora podía ser un camino para mí, no
tanto para trasmitir mis conocimientos, sino con el objetivo de ejercer una
influencia positiva en el alumnado, por mínima que sea.

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